Proceso

Cada proceso es único, pero suele seguir un recorrido que nos permite avanzar con claridad, cuidado y sentido

En un primer momento, nos conocemos y exploramos el motivo de consulta. Es un espacio para poner en palabras lo que está ocurriendo, resolver dudas y ver si este es el lugar adecuado para acompañar el proceso.

Realizo una primera entrevista más detallada, donde profundizamos en la historia de la persona, su situación actual y aquello que está generando malestar o dificultad.

Aquí comienzo a comprender el contexto global, más allá del síntoma.

Si es necesario, realizo una evaluación más completa para entender mejor qué está ocurriendo, utilizando entrevistas, observación y, en algunos casos, pruebas específicas.

El objetivo no es etiquetar, sino comprender con mayor precisión para poder ayudar mejor.

Tras la evaluación, comparto una visión global de lo que hemos observado y acordamos juntos los objetivos del proceso.

Aquí empezamos a darle forma al camino que vamos a recorrer, siempre desde lo que la persona necesita y prioriza.

En esta fase trabajamos de manera activa sobre las dificultades identificadas.

A través de distintas herramientas terapéuticas, conversación y trabajo emocional, vamos entendiendo lo que ocurre, flexibilizando patrones y construyendo nuevas formas de afrontamiento.

Es el corazón del proceso, donde el cambio se va construyendo poco a poco.

A lo largo de la terapia voy acompañando los avances, los bloqueos y los momentos de duda o dificultad.

El ritmo lo marca la persona, no el tiempo, respetando siempre sus procesos internos.

Cuando los objetivos van cumpliéndose, comenzamos a espaciar las sesiones para consolidar lo trabajado y afianzar los cambios.

Es una fase de integración, donde todo lo aprendido empieza a formar parte de la vida cotidiana.

Cuando la persona se siente preparada, realizamos un cierre consciente de la terapia, revisando el camino recorrido y los recursos adquiridos.

No es un final abrupto, sino un cambio que se construye poco a poco, desde dentro, hasta reflejarse en la forma de vivir y de relacionarse con uno mismo.